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Abril: los verdaderos asesinos

El verdadero asesino de Abril se llama José Nicolás Villafañe y el autor intelectual del crimen, Eugenio Raúl Zaffaroni. Pepito Echegaray, quien disparó el tiro que dio en la cabeza de la nena de 12 años que murió en Ranelagh, fue tan sólo el arma asesina, pero los criminales que hicieron posible que Abril muriera fueron Villafañe y Zaffaroni.

Villafañe había soltado a Pepito de la cárcel con la complicidad de los jueces de Cámara que, ante la apelación del fiscal que basó su protesta en recomendaciones desfavorables a la liberación, habían apelado la medida. La cadena de hechos terminó con la vida de una chica inocente y de toda una familia, porque, en alguna medida, los Bogado murieron todos en ese mismo instante.

El juez criminal le había concedido los beneficios de la libertad asistida a Pepito en las mismas condiciones que ya lo había hecho antes con otros delincuentes, como Diego Perotti, que en 2012 protagonizó la llamada masacre de Hudson, cuando toda una familia fue asesinada. Unos 22 días después de que Villafañe liberara a Perotti, el delincuente cometió un cuádruple crimen: mató a su pareja, Lorena Sosa (21), a la pequeña Jazmín (3), a Pablo Sosa (65, padre de la mujer) y a Javier Lucce (25, hermanastro de Lorena).

Villafañe pertenece a los llamados jueces garantistas, educados, todos ellos, en la escuela del jefe de esta banda intelectual, Eugenio Raúl Zaffaroni.

Zaffaroni, el dueño de una red de departamentos en la Ciudad de Buenos Aires que alquilaba para el ejercicio de la prostitución, viene quejándose últimamente, a raíz de que varios de sus cómplices de la década robada han caído en prisión, de que en la Argentina no rige el Estado de derecho. Habría que preguntarle a él si, a su juicio, Abril y la familia Sosa pudieron gozar de los beneficios de ese Estado cuando cayeron a manos de delincuentes que liberaron sus discípulos.

Habría que recordar a esta altura que Zaffaroni ingresó por primera vez en los estrados de la Justicia jurando por el Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional vigente desde el 24 de marzo de 1976; al cual debían prometerle cumplimiento todos los funcionarios designados por los militares golpistas. Sí, sí, juró por el estatuto del "Proceso".

Villafañe no es el único educado en la escuela Zaffaroni. Son miles los abogados formados en esta especie de esquizofrenia legal, muchos de los cuales llegan luego a los escritorios donde se decide la libertad de asesinos que terminan con vidas inocentes. Esta escuela debe ser desterrada de cuajo de la aulas de las facultades de Derecho del país y, por cierto, de los sillones de los juzgados.

Una enorme tarea debe ponerse en marcha para destruir hasta el último vestigio de vigencia de esta corriente infame. Primero, deben limpiarse las aulas para que la propagación se corte ya mismo. Todas las fuentes nacionales e internacionales de la escuela de Zaffaroni deben ser interceptadas por la enseñanza de los derechos de las víctimas y de los principios reparadores de la Justicia, que, aun cuando nunca pueda devolver una vida, sí puede equiparar en algo los tantos de la destrucción familiar poniendo a la sombra de por vida a quienes no tienen derecho a volver a ver el sol.

Luego, la tarea debe continuar por la identificación implacable de todos los jueces preterintencionales para que, cumpliendo los procesos que correspondan, sean removidos lo más inmediatamente posible de sus puestos y reemplazados por jueces que reparen los daños causados por los delincuentes, teniendo a las víctimas en el centro único de su atención.

La Argentina debe salir urgentemente del esquema en donde asesinos mentales, que utilizan engranajes aleatorios de materialización, cometen crímenes por interpósita persona, mientras ellos gozan de los escudos protectores de la "intelectualidad" y se refugian en los aposentos académicos del derecho.

Esta aura de superioridad intelectual que para lo único que sirve es para que los peores delincuentes estén sueltos por la calle mientras los ciudadanos honestos viven entre rejas (y aun así los matan) debe ser sepultada como fueron sepultados los miles de argentinos víctimas de sus alocadas ensoñaciones. Y debe ser sepultada ya mismo. Sin demoras.

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