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Eduardo Costantini: “La situación es mucho más complicada que lo que los argentinos creemos”

Eduardo Costantini diferenció el comienzo del Gobierno de Cambiemos de los de la salida de la hiperinflación y de la crisis de la convertibilidad en 2001 (Martín Rosenzveig) Eduardo Costantini es un experimentado y exitoso hombre de negocios que se inició en el mundo de las finanzas luego de haber estudiado economía; y muy conocido por la innovación en el mundo de los desarrolladores inmobiliarios, con la creación de Nordelta, entro otras grandes emprendimientos. Pero también es un filántropo, desde que en los años 70 comenzara con las primeras compras de obras de artes, hasta que en 1998 se decidió a destinar un predio en un lugar exquisito de Buenos Aires no sólo para exponerlas, sino también para dar lugar a la llegada de los nuevos artistas locales y regionales. Tres años después, en 2001, se inauguraba su Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). De ahí que por tratarse de una persona muy involucrada con la economía doméstica generando inversiones y empleos, pero también con los grandes inversores internacionales y el mundo de la cultura, su visión de la situación actual y perspectiva contribuye a dar luz sobre cómo está la Argentina hoy y qué cabe esperar, en un ameno diálogo con Infobae. -¿Cómo ve la coyuntura, tanto como economista como como empresario? Cada vez son más los que alertan al Gobierno sobre la incongruencia de las políticas duras en materia monetaria, y cierta blandura en la fiscal, para atacar un elevado déficit de arrastre, pese a sus efectos negativos sobre la apreciación cambiaria que provoca el financiamiento del desequilibrio de las finanzas públicas con deuda externa. -Creo que lo que ha ocurrido es que la Argentina tenía el diagnóstico equivocado, o por lo menos decía una cosa que no era. Nuestra economía era y sigue siendo una situación de desequilibrio, y que la administración anterior había dejado en un estado que era como una bomba. Es decir, dejó al país en un estado como un paciente que exigía intervenir. Lo que ocurre es que durante la campaña los candidatos se encargaron de comunicar que no iba a haber ni ajuste, ni merma de actividad, porque la población o no conocía, o no estaba explicitado los problemas que claramente teníamos. Por tanto, ¡es casi al revés! Independientemente de quien gobierne, si se toma objetivamente la situación económica y se piensa en que se podrá poder encauzarla sin algún costo económico en términos de actividad, sin duda, además, concomitante con el costo social, es irreal. Teníamos exceso de inflación; insuficiencia de reservas en el Banco Central; atraso cambiario; precios relativos desarticulados; y un elevado déficit fiscal. Toda esa situación sigue estando, aunque parcialmente. Articularla, es decir llevarla a un punto de sostenibilidad, es un proceso relativamente traumático, eso una realidad, porque los procesos económicos llevan su tiempo. – ¿Estonces cree que el Gobierno está haciendo las cosas bien, pero los resultados demorarán en manifestarse? -No, no. No estoy juzgando todavía el nivel de eficacia de este programa económico, lo que quiero decir es que había desequilibrios y que no se podrían maximizar todos los objetivos unitariamente. No se puede pasar a no tener inflación, a no tener déficit fiscal, aumentar los precios relativos de todas las tarifas públicas; y no sufrir costos en términos de actividad, desempleo… “No se puede pasar a no tener inflación, a no tener déficit fiscal, aumentar los precios relativos de todas las tarifas públicas; y no sufrir costos en términos de actividad, desempleo…” – ¿Usted cree que el Gobierno no vio ese cuadro cuando el anterior ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, se apresuró a hablar de la llegada de los "brotes verdes" en el segundo semestre de gestión? -Creo que ahí sí el Gobierno pecó de optimista, porque a mi juicio creyó que por el cambio de apertura al resto del mundo; de reconocer la deuda; salir del default; de ser amigable con el mundo occidental y con la ideología centro-liberal, o como se le quiera llamar, iba a producir un cambio de expectativas para mejor de tal naturaleza que el ingreso de capitales y el aumento de la inversión producirían un contrapeso suficiente para compensar la debilidad ocasionada por el aumento de tarifas, o reducción del gasto público. Eso claramente no se dio. Lo que hay en la economía en este período es, sin duda, una percepción de menor riesgo en la economía argentina; un ingreso significativo de capitales financieros; un financiamiento fluido del déficit fiscal; una baja de las tasas de interés; pero un efecto en el bolsillo de las familias negativo por el aumento que ha habido sobre todo de las tarifas públicas, y también de la misma inflación producto de la devaluación y de este ajuste de precios relativos. “Creo que el Gobierno pecó de optimista”, respecto de la esperada reactivación (Martín Rosenzveig) -El Gobierno había logrado bajar sostenidamente la tasa de inflación, luego de un repunte inicial derivado de la unificación cambiaria, la eliminación de la mayor parte de las retenciones y el comienzo del ciclo de suba de las tarifas, pero con el inicio del nuevo año ese proceso no sólo se interrumpió, sino que se volvió a acelerar hasta abril. Ahora parece que vuelve a retomar la senda bajista. ¿A qué atribuye esos movimientos, a la persistencia de aún de elevados desequilibrios o a un proceso natural? -Supongo que esos movimientos responden a la dinámica de las paritarias; del dinero que recibieron los jubilados; también hubo otro aumento de tarifas, menor, pero hubo ajustes, determinaron esa dinámica inflacionaria. De todas maneras, la suba de precios al consumo se muestra descendente, aunque probablemente no se cumpla la meta inflacionaria del 17% para el cierre del corriente año, pero va a ser ostensiblemente menor que la del año pasado, que fue altísima. -¿Quiere decir que la inflación está bajando, pero seguirá a menor ritmo que el que se propuso el Banco Central? -Sí, la inflación está bajando, pero lo hace gradualmente porque el Gobierno ha elegido una política gradual, y a parte sostiene que es impensable una política de shock, no sólo socialmente, sino prácticamente, porque hay una alta rigidez en el gasto público que no se puede bajar de un día para otro. -Justamente sobre la rigidez del gasto público, como economista, pero también como empresario, porque es una variable que supongo mira a menudo, ¿qué pensó cuando vio que en abril la masa salarial en la administración central creció más de 40%; y del 33% en el cuatrimestre, en comparación con un año atrás? Más que gradualismo, ¿no reflejaría cierta pereza en controlar la expansión del gasto público? -Me parece que como este es un año electoral, el Gobierno va a hacer el mayor esfuerzo fiscal en 2018. De hecho, el mensaje en la última reunión de Gabinete fue el pedido a cada ministerio de que reduzca el gasto; y que van a cumplir con la reducción del déficit fiscal el año que viene; y que este año van a cumplir con la meta de bajarlo a 4,2% del PBI. La estrategia del Gobierno es el gradualismo, ahora la pregunta del millón es si el gradualismo va a alcanzar o no, porque lo que va produciendo en este caso es un desequilibrio en el mercado cambiario. “La pregunta del millón es si ¿el gradualismo va a alcanzar, o no?, porque lo que va produciendo en este caso es un desequilibrio en el mercado cambiario” (Martín Rosenzveig) -¿Cree que se ha caído en atraso cambiario, al menos respecto de la tasa de inflación? -Sí, creo que hay un atraso del dólar, porque si bien hay un mercado libre, está muy ofrecido por el propio financiamiento de la Argentina, principalmente por parte del sector público, pero también del privado. Es un modelo en la que hay una oferta de dólares que hace que su precio esté barato. Y también hay un aumento significativo de los gastos de los argentinos en el resto del mundo. En una situación donde el nivel de empleo no es el deseado y también hay insuficiencia de ventas en algunos sectores. Por eso critico el valor del dólar sin pensar en los intereses personales porque creo que aun considerando todas las ineficiencias que tenemos, y el famoso costo argentino, no deberíamos fomentar un aumento del gasto en el exterior por parte del turismo. Nuevamente nos encontramos frente a objetivos contrarios, que es lo que es la economía un "trade off" entre una cosa y la otra, por eso los gobiernos no quieren aceptar una mayor inflación, porque si lo hicieran les produce un mayor costo social y económico. Y hoy se observa, por un lado, un gradualismo en la política fiscal y, por el otro, una política ortodoxa monetarista, con tasas de interés reales positivas, con aspiraciones honestas y genuinas de querer alentar el ahorro, custodiar el valor de la moneda; que es la función del Banco Central. Pero cuando esa situación se da con un exceso de déficit fiscal, y una financiación en el exterior, lo que produce es una caída del tipo de cambio relativo, que junto con la percepción de menor riesgo país el tipo de cambio queda planchado y se empieza a generar una bicicleta financiera. Yo no estoy de acuerdo ni con la bicicleta financiera, ni con el exceso de gasto en el exterior de los argentinos, dada la salud débil de la economía argentina y del empleo, pobreza. “No estoy de acuerdo ni con la bicicleta financiera, ni con el exceso de gasto en el exterior de los argentinos” -¿Cuál sería la solución a esa incongruencia entre el gradualismo fiscal y la dureza monetaria? -Habría que resignar parcialmente el objetivo de inflación. Porque si se acompaña con la política cambiaria comprando dólares y monetizando parte del déficit fiscal, como hacía el gobierno anterior, produce ese efecto. -Miguel Ángel Broda y otros destacados economistas como Ricardo Arriazu, Carlos Melconian y Daniel Artana, también piensan eso, porque argumentan que no se puede estar prendiendo al mismo tiempo el aire acondicionado en frío y la calefacción, alguno hay que apagar. ¿Si se resignara la política monetaria no podría contribuir a que los desequilibrios que aún no se corrigieron se profundicen? -Es que el problema está en el origen, que es complejo y hay un tema que es que la sociedad argentina está acostumbrada al populismo, a no sufrir; y sin duda a rechazar y no votar, sobre todo, a un gobierno no peronista, si aplica una receta más ortodoxa. Eso se llama en términos populares un ajuste neoliberal, y por tanto se vuelve al populismo. De ahí que las autoridades actuales dicen "teniendo en cuenta la realidad política, y al no tener mayorías legislativa, voy a acomodarme al deseo de la voluntad de los argentinos y voy aplicar una política gradualista, con la esperanza de que el ingreso de capitales y la inversión mejoren la tasa de crecimiento y licúen, a través del aumento de los ingresos el déficit fiscal, y de lugar a un círculo virtuoso que permitirá reducir el ritmo de endeudamiento externo, y entonces el atraso cambiario sea menor. De ahí que el punto clave es si se puede cruzar el puente o no, es decir si llega al otro lado. Esto es pasar a crecer de modo sostenido a un 3% por año, aún con la actual paridad cambiaria, que el Gobierno no acepta como atrasada. Las expectativas es que este año haya crecimiento, pero no al ritmo que se prevé en el Presupuesto. “La sociedad argentina está acostumbrada al populismo; a no sufrir; y sin duda a rechazar y no votar, sobre todo, a un gobierno no peronista, si aplica una receta más ortodoxa. Eso se llama en términos populares un ajuste neoliberal” “EL Gobierno no acepta que el tipo de cambio está atrasado” (Martín Rosenzveig) -Desde el punto de vista empresario ¿cómo se ve este escenario, genera incertidumbre, y explica por qué no se disparan las inversiones productivas, como sostuvo en la última semana el pensador Francis Fukuyama? Aunque no es lo que se le dice al Presidente cada vez que recibe a sus pares en el país, y más aún en sus giras por el exterior. ¿Fue perdiendo credibilidad el Gobierno? -Yo no diría tanto de que el Gobierno no es creíble. Hay dos consideraciones, una macro, sobre la consistencia del plan económico, y otra situación micro, específica sectorial. En este punto, creo que las decisiones de inversión está determinada por los fundamentals de cada sector. Si se mira la rama de energías renovables hubo un muy buen nivel de interés en las licitaciones, y se colocó con exceso; en el caso del mercado inmobiliario, estimo que los terrenos que va a vender el gobierno de la Nación, y también el de la Ciudad y la Anses, que serán unos USD 700 millones en valor tierra, va a haber un muy buen interés de los inversores, a pesar de cierta incertidumbre que pueda generar la situación macroeconómica, y también la incertidumbre de la respuesta de la demanda ante una oferta expandida, producto de los desarrollos en esos terrenos, en términos de oficinas, departamentos. Veo desarrolladores que se han endeudado en el mercado para apostar en la Argentina, veo a un grupo de afuera que está interesado en ingresar al país; no percibo una cosa de que vienen o no vienen inversores. Después hay sectores donde no hay un desempeño aún atractivo, como el de vinos; las ventas en shopping tampoco andan bien. Hay sectores que tienen dificultades y otros que no. Los sectores ligados al dólar, como el inmobiliario, están andando bien, porque como el tipo de cambio está barato y no hay perspectiva de suba, hay cierta demanda inducida por ese fenómeno; además están los fondos del blanqueo. Ahora, es cierto que cuando un inversor extranjero está viniendo el país, están observando a la Argentina. En la última semana estuve con tres grupos, de los cuales dos de ellos manejan más de un billón de dólares argentinos, esto es dos veces nuestro PBI; también almorcé con un grupo que administra más de USD 40.000 millones; y antes ni se les pasaba por la cabeza venir a la Argentina. Hay muchos inversores que están viniendo y se reúnen con funcionarios del Gobierno, con empresarios, economistas, políticos, para hacerles preguntas, porque quieren entender a la Argentina, que es un tanto inexplicable. Es probable que algunos digan que se han hecho cambios para mejor, claros, sensibles, vamos a ver si la macroeconomía va convergiendo; qué respuesta política y social va tener la sociedad en las legislativas en octubre, ¿dará un aval para la política del Gobierno, o no lo van a hacer? Y eso ocurre porque la Argentina viene de un desequilibrio, por lo menos desde que tengo uso de razón como economista, nací hace 70 años, y hace 50 años que como economista miro a mi amado país, y nunca he visto una estabilidad de largo plazo, ¿por qué la va a tener ahora? “Nací hace 70 años, y hace 50 años que como economista miro a mi amado país, y nunca he visto una estabilidad de largo plazo, ¿por qué la va a tener ahora?” -Pero si se recuerda los fenómenos que se vieron a la salida de la hiperinflación, a comienzos de 1991, aunque luego de una tarea dura previa, como después de la crisis de 2001, también después de importantes ajustes previos a la reactivación de 2003, la confianza se recuperó rápidamente… -¿Sabe por qué ocurrió eso? Porque cuando se tiene una crisis casi terminal, en el sentido que se cae en cesación de pagos, una gran caída del PBI, la gente percibe la crisis, y la percibe en carne propia, porque pierde el empleo; no llega al supermercado; rompe el supermercado; rompe los bancos. Entonces cuando se produce esa crisis, esa crisis la pagó otro gobierno. Pero el que viene empieza a construir sobre bases más sólidas de aceptación, aunque por ejemplo con un déficit corregido porque los sueldos públicos se diluyeron sustancialmente, como ocurrió con la gran depresión de la historia económica argentina, en 2002, al punto que se pasó de un elevado déficit a superávit fiscal en meses. A parte con el default hubo cero pago de deuda; se parte de una situación y libertad política porque no hubieron desbandes sociales, por la aceptación del nuevo gobierno. En cambio, la realidad es que la situación era y es mucho más complicada de lo que los argentinos creemos, producto del populismo y de la característica que todos los argentinos tenemos, incluyendo la corrupción. Esto no se puede arreglar de un día para otro. Ha mejorado enormemente, porque se pagó la deuda pública; respetamos al otro como corresponde; hay diálogo; hay más transparencia; no hay cepos; que era la mejor parte. Siempre dije que no era difícil salir del cepo cambiario, porque ya estábamos con un dólar de 14 pesos. El problema es solucionar estos temas históricos y profundos de la Argentina. Creo que este debería ser un Gobierno de transición, cosa que es difícil en el país, que trate de consensuar un diagnóstico, que después derive en políticas de largo plazo. Pero al decir no!, yo puedo solucionar todo sin costo económico, la gente dice: "cómo, si esto es un caos". Desde hace 70 años es así, por eso en un año y medio no se arregló absolutamente nada, porque no se puede lograr de un día para otro. Lo mismo ocurre si se compra un banco o una empresa que está muy mal, volver a ponerla en valor, capacitar a su gente e incorporar nuevas generaciones con las últimas tecnologías llevará años. “Al decir el Gobierno ‘No, yo puedo solucionar todo sin costo económico’, la gente dice: ‘cómo, si esto es un caos’. Desde hace 70 años es así, por eso en un año y medio no se arregló absolutamente nada, porque no se puede lograr de un día para otro” Eduardo Costantini piensa cada palabra, acorde con el difícil cuadro socioeconómico y política que arrastra la Argentina desde hace 70 años -Se espera que en el curso del corriente mes la Argentina deje de ser considerada por los mercados financieros internacionales como un país fronterizo y vuelva a la categoría de emergente, ¿cómo lo ve, volveremos a correr el riesgo de que se generen expectativas exageradamente optimistas, o realmente le podrá dar oxígeno financiero importante al Gobierno? -Me parece que fomentará más ingresos financieros que inversión primaria productiva. Aunque por supuesto, si bien será mejor, de ahí no va a salir la solución de la Argentina, ni mucho menos. Habrá más inversiones especulativas que contribuirán a que suba la Bolsa en corto plazo, que en la última semana estuvo en baja. -¿Le inquieta algo de este momento de la situación económica?Lo que más me inquieta es que la sociedad no tenga la madurez suficiente para entender la situación de la Argentina, y que no tenga más paciencia; que el Gobierno pueda corregir lo que hay que corregir; que haya consensos políticos. En un comienzo hubo más acuerdos interpartidarios que permitieron que el Congreso aprobara muchas leyes importantes. Hay que volver a ese país. Ahora estamos parados por las elecciones, todo el mundo se siente presidente, que revela una falta de madurez política, porque el político muestra demasiadas ansias de poder, cuando los problemas están subyacentes.

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