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Ella es paralítica, él no tiene brazos y forman un gran equipo atlético

Hector Picard y Kelly Gruson posan en “La milla cero” de Key West (Florida) tras completar una carrera de 80 kilómetros. (Julio Mendez/The Washington Post).

Hector Picard y Kerry Gruson estaban en su segunda década cuando algo cambió, repentinamente y para siempre, sus vidas.

Ella era una joven reportera que iba de camino a Vietnam para cubrir la guerra en 1974. Entrevistaba a un veterano Boina Verde que la confundió con una Viet Cong y la estranguló, dejándola tetrapléjica y con una discapacidad neurológica.

Dos décadas más tarde, Picard, un electricista, recibió 13.000 voltios en su cuerpo mientras trabajaba en un transformador de una subestación, lo cual le dejó varias quemaduras en la mitad del cuerpo e hizo necesaria la amputación en su brazo derecho y la mitad de su izquierdo.

Los dos lograron algo: una carrera de 80 kilómetros en los Cayos de la Florida. Picard en una bicicleta, especialmente equipada, y tirando de Gruson, que estaba en un remolque diseñado para esa misión.

Hector Picard y Kelly Gruson durante una carrera en la ciudad de Miami. (Florida) (Hector Picard/The Washington Post).

No fue la primera aventura atlética conjunta. En enero, ambos completaron medio maratón. Picard empujaba a Gruson, que iba en una silla de ruedas. Así que la pareja confía en poder hacer un triatlón en un futuro muy cercano.

Trabajar en equipo les ayuda a superar las duras carreras. "Cuando la estoy tirando pienso en nosotros dos como atletas", señala Picard. "Cuando la terminamos, la terminamos juntos", puntualiza.

Picard, de 51 años, vive en Fort Lauderdale (Florida) y conoció a Gruson, de 69 años y natural de Miami (Florida), poco después de empezar a competir, hace nueve años. Se solían ver en las carreras.

"Simplemente me inspiró ver a esta señora, que ha pasado tanto, por ahí. No importa que haga calor, frío, esté lloviendo o lo que sea. Ella está disfrutando y esa es mi manera de ver la vida. Definitivamente somos grandes compañeros y captamos la atención de la gente", explicó.

Hector Picard y Kelly Gruson pasan por uno de los puentes de camino a Key West. (Julio Mendez/The Washington Post).

Eso es lo que quieren. Ambos están involucrados en organizaciones que ayudan a las personas a superar las barreras. Picard es fundador de DontStopLiving.org, una fundación sin fines de lucro que apoya a las personas que enfrentan obstáculos físicos o de cualquier tipo. Gruson, por su parte, es confundidora de Thumbs Up! International, otra entidad que conecta a personas de todos los niveles para que asuman desafíos atléticos en conjunto.

No ha sido fácil para ninguno de ellos. "Me pasó cuando era muy joven. Dios, ¿por qué me pasó eso a mí, que era un buen tipo? Finalmente me di cuenta de que tenía una hija de un año y que ella necesitaba un papá. Eso fue lo que me hizo salir adelante", relata.

Antes del accidente era un apasionado del baloncesto. Inventó una prótesis que le permitía disparar y otro que le permitía jugar a softball, un deporte que nació fruto de sus necesidades. "Veía a mis hijos que se esforzaban en el deporte y veía cómo otros padres ayudaban a sus pequeños", cuenta. Él entrenó el equipo de softball durante cinco años.

Gruson también luchó contra "la desesperación y la ira" después de su ataque, según dice a The Washington Post. Ella había llevado una vida muy activa, tanto física como intelectualmente. Era hija de dos periodistas, estaba acostumbrada a viajar y hablaba varios idiomas. "Me di cuenta que mi ira estaba agotando mi energía y yo necesitaba esa energía para vivir", manifiesta.

Siempre fue terca, sí, pero siempre fue optimista.

Hector Picard y Kelly Gruson hacen el tándem perfecto en las carreras en las que participan (Hector Picard/The Washington Post).

"Por eso todavía estoy aquí", relata ella en un documental sobre su vida, de una forma muy suave porque sus cuerdas vocales fueron dañadas en esa agresión. "Es una lucha constante, todos los días, cada minuto… La gente me dice que he sido una persona valiente. Pero no tengo elección", añade.

Se sometió a una intensa terapia de rehabilitación y retomó su profesión de periodista. Trabajó durante dos años en Miami News y, luego, en The New York Times durante 27 años. Dijo que no tiene ningún tipo de rencor al veterano que la lastimó, pero considera que ambos son heridos de guerra. "Tienes que lidiar con tu ira. Si dejas que te consuma, serás una víctima y no quiero serlo", explica.

De hecho, comenta, que muchas de sus luchas no son muy diferentes a las de cualquier persona sana. "No se trata de personas con discapacidad, sino de que todos nosotros, a veces, nos limitamos. La gente se queja de los problemas que hay en el camino pero para mí, los golpes, son lo que me hacen sentir viva", añade al respecto.

A Picard, que también es un orador motivacional, le encanta la idea de convertirse en un modelo para los demás. En una carrera, un hombre mayor se cruzó por su camino para darle un abrazo. "Dijo que le había inspirado a seguir adelante, eso es lo que me hace sentir satisfecho. Cuando los extraños se acercan y dicen esas cosas… yo creo que vivo para eso", subraya.

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