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Inés Garland: “La idea del amor romántico que tenemos no debería ser la única posible”

Inés Garland y una búsqueda mística del otro La nueva novela de Inés Garland (Una reina perfecta, El rey de los centauros) es Una vida más verdadera (Ed. Alfaguara). Esta novela sigue el camino de los cuentos de su libro anterior, La arquitectura del océano, que tenían de núcleo el amor como problema. Aquí vivimos la relación entre una mujer —de la que no sabemos su nombre— y un hombre —de quien apenas sabemos que es casado y se llama P.— y de las tensiones de esta pareja de amantes, que no quiere caer en las etiquetas habituales. Una vida más verdadera habla también de la necesidad de encontrar una relación nueva, más ajustada para ellos y, por lo tanto, "más verdadera". Esa búsqueda es la que marca el rumbo pero, sin embargo, aparece siempre velada. Garland carga la novela de silencios y, por momentos, convierte a la hoja en una pantalla de WhatsApp —con todos los malentendidos que eso implica. ¿Cuánto podemos saber —es decir: poseer— del otro? ¿Cómo se puede saltar las imposiciones tradicionales de una relación? Con ella hablamos de estos temas y, por supuesto, de la idea del amor que se propone en la novela: —A raíz de este libro —dice—, de La arquitectura del océano y también de "La zorra ilusa", que es una obra que se está dando ahora, me di cuenta de que a medida de que voy escribiendo va cambiando mi idea del amor. Yo me pregunto escribiendo y voy cambiando la respuesta. No tengo la menor idea de qué es el amor. Pasé de algo de mucha idealización y exigencia sobre el otro y sobre mí misma, a una mayor tolerancia, a mayor ternura, a pedir menos. A la vez, el sueño de amor romántico de Hollywood —que nos engañó— sigue siendo algo muy difícil de contrarrestar. —¿Esos cambios sobre el amor están asociados a cambios en tu vida? Me refiero a parejas, hijos. —El amor cambia según con quién te estés relacionando. Yo estuve muchos años sola y la soledad también te va cambiando. Por ejemplo, después de muchos años de matrimonio había cosas que le echaba la culpa, por decir entre comillas, a mi ex marido y cuando estuve sola me di cuenta de que había voces que le atribuía a él y que era internas. Era yo la que me hablaba o me trataba de ese modo. Cuando pude cambiar la forma en que yo me miraba a mí misma el afuera cambió en su mirada sobre mí. Después, hay otro universo dentro del amor, que es el misterio enorme de estar con alguien y la alquimia que se produce con esa persona y qué saca de vos y qué saca de vos el otro. Una vida más verdadera es la nueva novela de Inés Garland.Recién decías que te hacés preguntas mientras escribís. En este libro esas preguntas aparecen explícitamente, y son interrogantes muy potentes porque no tienen repuesta. —Es que esas preguntas no tienen respuesta. Pero es la búsqueda de más preguntas lo que me lleva para adelante. No me gustaría que las preguntas y las respuestas fueran siempre las mismas. Creo que eso sería estar estancado. —Una vida más verdadera también está llena de silencios. Poco sabemos de los personajes más allá de los breves momentos en que se encuentran. —Tienen que ver con la vida alrededor de esos encuentros mínimos, que es también la forma en que veo las relaciones. A veces queremos cambiar las cosas y que la relación sea todo y la vida alrededor sea lo mínimo. A esos silencios los sostuve con mucha firmeza, quería que estuviera ese espacio alrededor para que fuera rellenado por el lector de la forma que quisiera; por eso se sabe tan poco. Los encuentros viven el paso del enamoramiento, del encuentro profundo con el otro a que lentamente se empiece a meter todo lo de alrededor y genere las situaciones en donde uno se pregunta si no se puede inventar otra cosa. Una de las cosas que más me interesaba cuando escribí la novela era esa pregunta: ¿No se puede inventar otra forma que de estar con una persona? Siempre me interesó pensar otra forma de estar con alguien. ¿Qué pasa entre dos personas para que se junten? ¿Qué pasa para que se separen? Son preguntas que ni siquiera nos las cuestionamos, vamos con los formatos que nos trajeron. La idea del amor romántico que tenemos no debería ser la única posible. —Sin adelantar absolutamente nada de la novela, ¿esta búsqueda de una nueva relación tiene que ver con la forma "tradicional" de las relaciones? Cuando uno comienza a leer siente que se cuenta la historia de un fracaso. —Tal vez porque la relación sea tan idealizada. La protagonista busca algo que no sé si se consigue, por lo menos no en forma permanente. Como si fuera una búsqueda casi mística del otro, una fusión, una exageración, una necesidad de entrega absoluta. No lo sé; me estoy haciendo preguntas. —Como en la novela. —Avanzo con interrogantes en la vida. A partir de cierta edad empecé a hacerme cada vez más preguntas. —La novela es muy explícita en cuanto a relaciones sexuales. Allí hablás de "hacer el amor" y, sin embargo, los encuentros son voraces. —Está bueno lo de la voracidad, porque tiene que ver con lo que hablábamos hace un rato sobre la fusión: eso de comerse al otro. Digo "hacer el amor" tal vez porque para mí el amor y la fusión se amalgaman en algún punto. Por eso escribir es tan expuesto, alguien te lee y te saca la ficha. El amor y la voracidad y la fusión armen algo que no tiene los bordes muy claros. —¿Cómo se narra el sexo? —Es difícil, ¿no? Es uno de los temas que me interesa mucho narrar, porque siempre pongo el cuerpo cuando escribo. Hay algo, creo, que hace a la buena literatura: decir, pero dejar mucho espacio para que el lector pueda rellenar e imaginar. En cosas como el sexo necesitás ser lo suficientemente claro para dejar una imagen, pero a la vez tenés que tener la sutileza de no ser demasiado explícito para que el lector pueda completar con su propia fantasía. Hay que dejar que dejar lugar, porque somos iguales pero muy diferentes. >>> Descubrí Grandes Libros, la red social de lectores más grande de América Latina.

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