Browse By

Loading...

La izquierda y la invención de la realidad a partir de la palabra

Las palabras que habitualmente usamos para nombrar un objeto guardan por lo general un doble significado. Lo que denotan. Lo que efectivamente son, por ejemplo: "perro". Pero también lo que connotan, cualidades positivas o negativas asociadas a él. En un caso, coligado al perro viene el concepto de fidelidad, lealtad o nobleza,  aunque puede tener, asimismo, una acepción peyorativa: "¡Es una perra o perro!", para no herir susceptibilidades de género.

De modo que al momento de usar palabras o inventar neologismos estos dos factores hay que tenerlos en cuenta. Lo que denotan y lo que connotan. Y digo así porque desde hace algunos años, y especialmente desde la irrupción del chavismo y el kirchnerismo, comenzó a llamarse a los aborígenes o los indígenas americanos, "pueblos originarios". Rareza ideológica de quienes, identificándose con la izquierda, aceptan, sin embargo, la jerga estadounidense de "original peoples".

¿Es ingenua la maniobra del novedoso bautismo? ¿Cuál es la razón de semejante dislate? ¿Por qué se hace uso de una idea que es falsa para hacer referencia a los indígenas americanos? ¿Por qué se miente? ¿Encierra la moderna acepción una trampa en la que caen responsables e inocentes? Son algunos de los interrogantes que trataré de abordar en la presente nota.

Para comenzar, digamos que la palabra "indígena" proveniente del latín, indica población de un lugar determinado, engendrado allí mismo, por lo tanto absolutamente pertinente a la hora de nominar a los pueblos americanos.

La palabra "indio", que tuvo connotaciones ofensivas, no está del todo mal desde el punto de vista descriptivo, puesto que durante mucho tiempo América fue las Indias Occidentales. Pero indígenas o aborígenes es lo que más se acerca a la verdad no sólo por lo dicho, sino porque la Constitución Nacional Argentina, en su artículo 75, inciso 17, habla de "indígenas". ¿Por qué entonces "pueblos originarios"? ¡Cuando todos sabemos que ningún pueblo es originario de América! Don Florentino Ameghino, extraordinario paleontólogo argentino, se equivocó, en su acendrado patriotismo propio de la generación del 80, al fijar en los suelos de la pampa húmeda el origen de la humanidad.

"Pueblos originarios", neologismo inglés, tiene el claro objetivo de jerarquizar a los indígenas, supuestamente autóctonos, por encima de la última oleada migratoria como fue la española, una más de todas las migraciones que dieron origen a los americanos que vinieron de Asia, Polinesia y de Australia, los primeros, como luego vinieron los españoles. ¡Joder!

Esto de "pueblos originarios" huele a leyenda negra, no en balde es un vocablo inglés. Para el lector neófito la leyenda negra fue un relato creado y difundido por holandeses y británicos en el siglo XVII para desacreditar la conquista y posterior colonización española en el afán de vencer con el relato a España.

Asociado al vocablo inglés viene la idea de "genocidio", mentira construida merced a la leyenda negra y tomada en el siglo XXI por la izquierda. No es este el lugar para desarrollar el proceso colonizador, pero el Imperio español, como ningún otro imperio terrenal, aceptó el debate acerca del tratamiento a dar el indígena. Dos focos de difusión hubo en España en defensa de la humanidad del indio americano: la Universidad de Salamanca con el sacerdote dominico Francisco de Vitoria y la Universidad de Valladolid con el sacerdote, también dominico, Fray Bartolomé de las Casas. Estos debates empujaron a Carlos I de España a sancionar las leyes nuevas que prohibían la esclavitud indígena, bajo el argumento central de que por ser humano el indígena es una creatura natural hecha a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, es libre por naturaleza. Se ve que los pueblos americanos que se asociaron a Cortés para derrotar al Imperio bestial de los aztecas comprendieron antes, en la realidad cotidiana, lo que luego se discutiría en Salamanca. Tampoco el otro extremo de creer que la conquista fue indolora e incolora.

Con el asunto de los últimos días, a propósito de grupos violentos que se arrogan la representación del pueblo mapuche, viene bien hablar de estas cosas. Por ejemplo, que la realidad iberoamericana es mestiza y criolla. Atribuirse la representatividad de una etnia ya inexistente y hacerlo de manera violenta debe ponernos en alerta. El periodismo escrito u oral debe tener claro las palabras que usa, excepto que participe de la farsa de crear la realidad con las palabras. La última gran estafa en boca de cuantos escriben y hablan, incluso funcionarios, es mencionar sin escrúpulos a las tierras usurpadas por los supuestos mapuches como "tierras sagradas". Por ahora las tierras son usurpadas, habrá que esperar que la Justicia determine lo contrario o el poder político sancione leyes reparatorias. Mientras eso no ocurra, las tierras son usurpadas.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *