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La lucha tras la medicina cannábica

Días atrás se dictó en el país la ley que permite el uso de derivados del cannabis para el tratamiento de ciertas afecciones. Esta ley se promulgó gracias a la insistencia de un grupo de madres que perseveró en sus reclamos para lograr una terapéutica anticonvulsivante acorde con las necesidades de sus hijos. Su camino no fue fácil, estas madres sufrieron persecuciones y allanamientos, pero al final se impusieron ante los prejuicios y la ignorancia de la sociedad.

Hace pocos días se llevó a cabo el Primer Congreso de Medicina Cannábica en la Ciudad de Buenos Aires, organizado por la Universidad de Jerusalén. Es notable cómo los médicos en el país carecen de información sobre las posibilidades terapéuticas del cannabis sativa, más conocido como marihuana. Probablemente, a medida que se conozcan más indicaciones surjan otros grupos de presión para lograr extender las indicaciones de esta ley.

Si bien esta planta fue utilizada con finalidades terapéuticas y recreativas desde hace cuatro mil años, recién fue introducida en Occidente durante el siglo XIX por el doctor William Brooke O'Shaughnessy, quien había conocido sus usos mientras trabajaba en la India. En Inglaterra rápidamente se difundieron sus aplicaciones, a punto tal que la reina Victoria lo utilizaba para las molestias menstruales.

Antes de eso, el cáñamo había sido utilizado con fines industriales. Los barcos que surcaban los mares usaban velas de cáñamo, sostenidas por cuerdas de cáñamo, mientras los marinos usaban ropas también hechas de cáñamo. George Washington lo sembraba en su propiedad de Mount Vernont y el acta de Independencia de los Estados Unidos fue impreso en papel de cáñamo. Hasta nuestro Manuel Belgrano propulsaba su cultivo en estas tierras. De hecho, nuestra popular alpargata era de cáñamo.

Pero nos estamos alejando de las aplicaciones terapéuticas de los cannabinoides, que no solo derivan del cannabis sativa sino de otras plantas, como el ¡chocolate! y las inocentes margaritas.

Después de ser prohibido el uso de la marihuana por el gobierno norteamericano, en 1937, el uso de esta planta con finalidades terapéuticas quedó relegado, hasta que un grupo de médicos y químicos sacaron a relucir las propiedades de los distintos compuestos y de sus derivados gracias a los estudios del doctor Raphael Mechoulam, en Israel, quien hace 60 años descubrió el tetrahodrocanabinoide (THC), uno de los 60 cannabinoides conocidos y el único responsable del principio psicoactivo de la marihuana, como de otras actividades terapéuticas.

Doctor Raphael Mechoulam

Desde entonces se han descrito más de doscientas indicaciones de los cannabinoides que van desde la epilepsia hasta la fibromialgia, pasando por el glaucoma, la esclerosis múltiple, el Parkinson, el insomnio, el tartamudeo y una serie de aplicaciones oncológicas, como antieméticos, aumento del apetito e indicaciones en varios tipos de tumores.

Uno de los profesionales responsable de la promulgación de la Propuesta 215, en 1996, en el estado de California, que declaró legal el uso de cannabinoides en pacientes con ciertas afecciones, fue el doctor Tod Hiro Mikuriya, un psiquiatra norteamericano, hijo de un ingeniero japonés y de madre alemana, quien desde chico conoció la discriminación y la persecución al crecer en una nación que veía en sus padres individuos sospechosos de simpatizar con países que estaban en guerra con los Estados Unidos. Años más tarde, cuando relataba estos dolorosos episodios que jalonaron su infancia, dijo: "Desde entonces me acostumbré a que a la gente le pueden lavar el cerebro y a responder a las agresiones".

Doctor Tod Hiro Mikuriya

Mientras estudiaba medicina en la Universidad de Temple, Filadelfia, se interesó en un capítulo fuera de la currícula sobre los usos del cannabis. Esta lectura despertó su interés por esta planta que venía utilizándose como remedio desde tiempos inmemoriales. El doctor Mikuriya viajó por México y Marruecos, y conoció de primera mano el uso de la marihuana y el hachís por la población local.

Gracias a esta experiencia, fue nombrado director del Instituto para Adicciones de New Jersey, donde se ofreció como voluntario para el estudio conducido por Carl Pfeiffer sobre los efectos mentales de distintas concentraciones de hachís. Años más tarde se enteró de que el doctor Pfeiffer estaba trabajando para la CIA con la intención de obtener drogas que pudieran controlar la mente de individuos, tratándolos con distintos principios psicoactivos.

En 1967, Mikuriya trabajó para el National Institute of Mental Health (NIMH) sobre las aplicaciones del cannabis sativa y los usos propuestos por el doctor O'Shaughnessy. En la oportunidad volcó su experiencia en un informe de 3281 fojas donde investigó los pro y los contra de estas aplicaciones. El NIMH sólo tomó en cuenta los efectos indeseables.

Fue gracias al estudio de Mikuriya que se redescubrió el potente efecto anticonvulsivante del THC y el interés del Ejército Norteamericano en este compuesto que podía ser usado como antídoto de gases neurotóxicos.

Mikuriya se instaló en Berkeley, California, donde abrió su consultorio como psiquiatra y continuó sus publicaciones a favor del uso médico de la marihuana, especialmente en el tratamiento para adicciones más peligrosas como el alcohol, el tabaco y los opiáceos. Su libro Marijuana: Medical Papers, publicado en 1973, marcó el renacimiento de la medicina cannábica.

Junto a Michael Aldrich, Allen Ginsberg y Blair Newman fundó el grupo Amorphic, en pro de la legalización de los compuestos cannábicos, apoyados en el informe Shafer, donde se llegaba a la conclusión de que el gobierno norteamericano debía investigar con más detenimiento las aplicaciones de esta planta en la terapéutica humana.

El lema del grupo era: "Marihuana legal y libre en nuestras casas". La lucha no sólo atendía a las necesidades terapéuticas sino que apuntaba a la intransigencia burocrática del sistema y a la intromisión del Estado en la esfera privada de los individuos. Si el gobierno toleraba el alcohol, que había tratado de prohibir en los años 30 con la ley seca, ¿por qué se entrometía en el uso de un compuesto que había demostrado ser menos nocivo que las bebidas alcohólicas?

La Propuesta 215 permitió la prescripción de cannabis en pacientes con diversas enfermedades. En su consultorio, el doctor Mikuriya indicó su uso en nueve mil pacientes, especialmente en los casos de Sida, que en los 90 se había convertido en la "peste rosa".

El activismo político le pasó factura al doctor Mikuriya, ya que la Junta Médica de California, en el año 2000, lo acusó de "negligencia e incompetencia" por no realizar los exámenes físicos adecuados en 16 pacientes, entre ellos, un agente encubierto de la DEA que reconoció haber intentado engañar al doctor. Nueve de los citados sólo tuvieron palabras de elogio hacia el tratamiento del doctor Mikuriya.

"Siempre hay un precio que pagar cuando se sigue el camino de la ciencia en lugar de la moda, especialmente si los resultados difieren con la línea oficial. Pero siguiendo la ciencia uno vive en paz consigo y puede dormir por las noches". Tod H. Mikuriya murió en el año 2007 de un cáncer de pulmón.

El autor es médico oftalmólogo argentino, investigador de Historia y Arte. Es director de Olmo Ediciones.

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