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Misterio en el Delta: se hundió un lujoso yate y hace 79 días que nadie lo retira del agua

  El Aleeke era el barco estrella del astillero Bermax Boat. Tanto, que la constructora -autocelebrada como "la marca de la excelencia náutica"- iba a presentarlo en abril pasado como la joya en el Salón Náutico Argentino. Sin embargo, la presentación preparada con todas las luces terminó siendo una experiencia sombría: apenas se apoyó sobre las aguas marrones del río Luján, el Aleeke empezó a tambalear como un campeón de box en decadencia que besa la lona en el primer round. Parecía que en lugar de agua debajo tenía jabón, o lava, o una boca que lo devoró. Lo cierto es que en su estreno, el yate navegó unos metros auspiciosos y luego sobrevino el fin de la ilusión y el nacimiento de su debacle: el barco se inclinó a la derecha y a la izquierda, a la derecha de nuevo, y cuando fue hacia la izquierda perdió el eje y su condición naval. En cuestión de minutos, el Aleeke se recostó sobre el agua y se hundió; pasó de leyenda a escena grotesca. Hace dos meses y 18 días que el Aleeke se transformó para los navegantes del Delta en una especie de símbolo de todo lo mal que puede salir un gran plan. Desde el 22 de marzo está hundido en el cruce del río Luján con el canal Aliviador. El barco pertenece al empresario Bernardino Antonio García, presidente de la Cámara de Empresas de Control y Administración de Infracciones de Tránsito de la República Argentina (CECAITRA) y dueño de la compañía que posee todas las cámaras de control vial de la Ciudad de Buenos Aires y también de la Provincia. Según fuentes del mundo náutico consultadas por Infobae, García, de estrecho vínculo con el mundo político y multimillonario, sería el dueño del astillero Bermax Boat. De acuerdo a los registros públicos de Prefectura Naval (PNA), García es propietario de un astillero desde 2015. Desde Bermax Boat, al ser consultados por este medio, indicaron que tienen órdenes de no hacer declaraciones. Lo cierto es que, según confirmó Prefectura, recién el lunes 12 de junio, y durante cinco días, una empresa trabajará en el reflotamiento del Aleeke, casi tres después de una tragedia material, que no tuvo víctimas fatales ni heridos.   "Primero vino otra empresa y presentó un plan que no fue aprobado, por eso se demoró", explicaron fuentes de Prefectura. El Aleeke está hundido en una zona de intenso movimiento náutico, sobre todo los fines de semana. Las fuentes de PNA contaron que la embarcación fue balizada por precaución pero que "de noche" se robaban la señalización, "así que el propietario del barco dispuso que un bote custodiara y ayudara a señalizar las 24 horas". Los peritos todavía desconocen los motivos del hundimiento. Las hipótesis van desde la filtración de agua hasta una mala maniobra. Fuentes de Prefectura arriesgaron que, por la forma en que se dio el incidente, no habría existido una avería en el casco. "El barco flotaba", remarcaron. La información que dio el propietario a PNA es que lo sacaron de la amarra para cambiarlo de posición, en el contexto de los preparativos para el Salón Náutico, y que para eso, por el tamaño de la embarcación, era necesario salir hasta el río Luján. "Estamos haciendo un sumario administrativo por la averiguación del hundimiento. Se están colectando pruebas y se tomaron declaraciones. No sabemos si fue un error técnico, o negligencia, o imprudencia. Es muy temprano. Empezó a escorarse y cuando quisieron hacer la maniobra de girar se fue para un costado y quedó recostado en el fondo. Qué pasó lo sabremos a medida que avance la investigación. De momento, la exigencia al propietario es sacarlo porque es un obstáculo para la navegación", explicaron a Infobae desde Prefectura. Además remarcaron que el barco estaba "en proceso de certificación y estaba siendo matriculado" por lo que sería probable que no tuviera el permiso para hacer esa maniobra. El Aleeke era la estrella de Bermax. Su nombre comercial era "Bermax T-66" y su valor, millonario. Según su ficha técnica, "es un buque de placer, con casco y superestructura de acero, diseñado para operar en el litoral fluvial y marítimo argentino y países limítrofes, denominado Trawler". Tiene una eslora total de 20,32 metros y una manga de 4,89 metros y contaba con dos motores, a esta altura arruinados por el agua. Las comodidades del yate que se hundió sin pena ni gloria eran descomunales. Un camarote principal con baño completo, dos camarotes de invitados, más un camarote de marineros. Además, un salón de estar principal, un bar con sillones, cocina completa y sillones, además de todos los detalles tecnológicos de última generación: radio, radar, GPS, TV satelital, faros rastreadores y hasta aire acondicionado.  En el Aleeke iban a trabajar nueve marineros, cuyo trabajo o lo perdieron o quedó suspendido hasta nuevo yate. Según contaron fuentes de la aseguradora a Infobae, hay tensión entre los trabajadores y el propietario porque, según denuncian, no se les pagó el trabajo hecho hasta el hundimiento. Desde Bermax el silencio es absoluto. En Prefectura remarcaron que Bernardino García tiene una única responsabilidad: el reflotamiento de su Aleeke y sacar del agua hasta el último de los restos de su yate nonato para no contaminar (más) las aguas del río Luján.